“¡Mierda!”, “¡Rosquete!”, “¡Cagón!”, “¡Hijo de puta!”. Lo sé. Lo sé. Suena fuerte ponerlo por escrito. Pero ya pues, dejémonos de vainas, seamos sinceros y poniéndonos la mano al pecho preguntémonos: ¿No son estas palabras parte de nuestro lenguaje?
Y, es más: ¿cuantas veces las hemos usado nosotros? ¿O, talvez, la hemos escuchado a nuestros viejos, tíos o primos? Pues hoy hablaremos de las lisuras y no precisamente de las que derrama la Flor de la Canela.
Empecemos por una lógica sencilla: Una de las principales diferencias del hombre con los animales es haber podido realizar abstracciones y a través de ella llegar a crear símbolos y signos. El lenguaje verbal nos permite la comunicación a otro nivel y al mismo tiempo, a través de ella transmitir sentimientos, dudas, necesidades e ideas de una manera clara.
No obstante, así como el lenguaje nos puede ofrecer momentos sublimes como, por ejemplo, un poema de Neruda recitado a tu hembrita: “Me gusta cuando callas porque estás como ausente”, también el lenguaje puede servir como instrumento de agresión. Si en el mundo real un golpe de puño en la cara significa: “Vete a la mierda”. En el mundo de las palabras se buscará el equivalente semántico que cause el mismo o mayor dolor. De esta forma nacen las groserías o llamadas equivocadamente “MALAS PALABRAS” que de niño los padres y profesores nos decían que no debían pronunciarse pero que ellos mismos en más de una oportunidad pronunciaban como mucho más ganas que cualquier cobrador de combi.
Estas palabras tienen dos características importantes: la rapidez y la vehemencia. Imagínate que tú encuentras a un borracho inoportuno molestando a tu flaca. Entonces buscando solución en el mundo verbal hay dos opciones, podemos decirle: “Señor desconocido entiendo que usted no se encuentra en el mejor de sus estados personales, pero quiere dejar de molestar a mi señorita enamorada o atenerse a las consecuencias?” o “!Carajo borracho de mierda deja de joder a mi enamorada o te saco la entreputa!!”. ¿Cuál de las dos formas de expresar lo mismo es la más rápida y entendible? Obviamente lo segundo.
Así podemos darnos cuenta de que estas palabras se convierten en un desfogue emocional, un vehículo que canaliza una frustración de por medio, una indignación elocuente, que no puede ser expresada de otras formas o que quiere obtener un resultado, la misma reacción inmediata que produciría, por ejemplo, una cachetada.
Generalmente este prontuario de “PALABROTAS” (Como dicen las abuelitas) están almacenados socialmente en eso que un tal Karl Jung llamaba “Inconsciente colectivo” y que hace que guiemos algunas de nuestras acciones y reacciones a través de un patrón del cual no nos damos cuenta. El lenguaje está dentro de este patrón que es profundamente revelador de lo que es nuestra sociedad.
Y esta sociedad, ya sea por casualidad, audacia o estupidez vetó, censuró y proscribió algunas palabras que a pesar de la lucha incesante de la “moral y las buenas costumbres” no ha podido evitar que sigan vivas en nuestro universo gramatical.
Si te has sentido ofendido por el titular de este artículo no hay problema. Pido perdón, pero como dice una canciòn, hay que seguir PA` LANTE. En el fondo creo que el problema de las denominadas “malas palabras” radica en que todo el mundo nos prohíbe usarlas desde niños, pero nadie nos explica por qué no podemos decirlas. Es más, quisiera que alguien me explique como carajos el término “lisura” que en sus primeras acepciones del diccionario RAE hace alusión a la tersura, ingenuidad y sinceridad llega a convertirse en sinónimo de grosería.
Dentro del mundo de la comunicación las lisuras juegan un papel tan importante que soslayarlas sería un absurdo. El asunto es que alguien cometió el error de darle la categoría de “Malas palabras” y desde ese momento guiado por criterios cultistas y moralizantes muchos seudo puristas decidieron proscribirlas.
Si uno analiza detenidamente por qué las lisuras resultan tan chocantes a ciertos oídos, se dará cuenta de que éstos se deben a que generalmente hacen alusiones a excrementos, a órganos sexuales, a la cópula, a las aberraciones sexuales, a la prostitución, etc. Es decir llevan en su contenido eso que nuestro “inconsciente colectivo” nos indica que es malo decirse. Es decir, si dices mierda, te vas a la mierda.
Lo que es clarísimo en este tema, para alegría de los que se están persignando, ES QUE TODO DEPENDE DEL CONTEXTO, una lisura en un contexto adecuado no tiene porque ofender a nadie. Una lisura bien puesta, por ejemplo, en la literatura es más bien una delicia musical. Y por eso recuerdo mucho el soneto del genio español Francisco de Quevedo titulado Contra don Luis de Góngora y su poesía que en su última estrofa dice así:
“Éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.”
En el Quijote el gran Cervantes llama a su escudero Sancho i de puta (hijo de puta). Y como no recordar el relato “La Pinga del Libertador”de Don Ricardo Palma o en la literatura de Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, donde los ejemplos de las lisuras sobran.
En otros contextos, las “malas palabras” juegan un rol muy importante. Por ejemplo, imaginemos esto: estamos en el estadio, en el minuto 90 del segundo tiempo, el equipo de nuestros amores esta perdiendo y de pronto el delantero más pifiado infla la red del equipo contrario. Es gol. Nadie se quedaría sentado gritando gol con la voz de Winnie Pooh. Ni cagando. Gritamos gol pero estoy seguro que añejado con carajos y la concha de su madre.
Incluso el diario ingles Daily Star un día después de los cobardes atentados en el metro de Londres el 7 de julio del 2005 donde murieron más de 50 personas, resumió todo el sentimiento de rabia de la opinión pública con su titular: ¡Bastardos!.
Pero estos ejemplos son para que se entienda bien que todo tiene su tiempo y su lugar. Así como es importante el uso de un CARAJO en situaciones extremas, también es importante saber donde las pronunciamos y cómo. Hay que ser inteligentes para todo pues causita. Una cosa es ser inteligentes para soltar una lisura bien puesta, como lo hacía Palma y otra cosa es hablar como borracho descuajeringado todo el tiempo. Eso sí. Una cosa es estar en el Estadio con tus patas y otra cosa es estar en la mesa de un restaurante donde tenemos alrededor ancianos y niños. Seamos inteligentes y que nuestra lengua refleje esa inteligencia.
NO TE QUEDES…. EXPRESA TU OPINION EN LOGROS
Más importante que lo escrito en este texto, es saber que piensas tú al respecto. NO TE QUEDES… tu eres una persona inteligente y sabemos que tienes mucho que decir….
OPINA con total confianza.













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Por: Anddy Landacay Hernández
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